La intención principal de este libro es hacer una
reflexión crítica sobre la utilización de la imagen para el control social y sobre qué
usos y en beneficio de qué intereses se hacen de las imágenes.
A lo largo de los diferentes capítulos se reflexiona sobre si existe una auténtica gramática y
sintaxis de la visión sujeta a una serie de reglas perceptivas, y una determinada
técnica y estética de contemplar una imagen, así como unas reglas básicas
de composición visual o una retórica de la imagen, así como significados
latentes como los estereotipos que afectan a la construcción de los significados
que realicemos al mirar una imagen o incluso significados ocultos como los
subliminales que son todo un tratado de manipulación en sí mismos.
En primer lugar, para comenzar con la lectura de este libro se hace necesaria la descripción de un concepto clave: ¿Qué es la imagen?
La imagen es una representación, una simulación de la realidad o, lo que
es lo mismo, una «realidad» interpretada.
A partir de ahí el autor hace una diferenciación entre dos conceptos:
- Ver: capacidad fisiológica de la visión. Acto pasivo.
- Mirar: mecanismos fisiológicos (ver) + cognitivos (atención y búsqueda visual: construcción de significados). Acto que implica voluntad. A través de la mirada involucramos nuestra particular forma de ver el mundo más allá de sus componentes fisiológicos y supone una interacción dinámica de nuestros propios intereses, ideología, cultura… Distintas formas de acceder visualmente al contenido de las imágenes para la construcción de los significados con base en nuestra experiencia previa y capacidad de interpretación.
En este sentido, cobran especial importancia los medios de comunicación y su forma de presentar las las
imágenes, ya que estos medios actúan como la interpretación canónica (a la vez
simplista y reduccionista) de la realidad y así se impide a una ciudadanía la
reflexión, la crítica o el contraste de la información porque ya la realidad ha
sido interpretada por otros de una forma autoritaria.
Surge así, la necesidad de una EDUCACIÓN DE LA MIRADA y una EDUCACIÓN MEDIÁTICA.
Ahora bien, uno de los errores principales que se cometen en la educación en medios consiste en
marginar las dimensiones relacionadas con la emotividad y el inconsciente.
Nuestra sociedad (sociedad mediática) es la Sociedad del Espectáculo lo que supone una disminución del peso de la racionalidad y de la conciencia y, en consecuencia, un incremento del peso de la emotividad y del inconsciente. En este sentido podría
decirse que la cultura mediática cumple una función catártica, compensatoria o complementaria.
Pero también podemos
advertir una función modeladora, ya que la energía emotiva es canalizada en una dirección
ideológica y ética que puede tener diferentes interpretaciones (correctas o erróneas).
Socialización de los
significados = interacción de la
finalidad perseguida por los creadores de imágenes y nuestra experiencia previa
y capacidad de interpretación.
Esa sutil asociación nos puede llevar a la
identificación de falsas necesidades implícitas en la promesa publicitaria. Uno de los problemas es esta sociedad del espectáculo.
Con el desarrollo del cine se ha
insistido en la perturbadora confusión entre imagen y realidad, ya que para los espectadores resultaba un gran esfuerzo cognitivo y emocional el proceso de
decodificación que costaba interpretar un primer plano. Sin embargo, imagen y significado toman su
imbricación en el lenguaje cinematográfico con el montaje (selección, medida y
orden de los planos para constituir una continuidad cinematográfica).
Han pasado los años y la imagen y su lectura han evolucionado hasta lo que conocemos como imagen virtual que concibe una nueva
lógica de sentido que acompaña al «nuevo régimen de visibilidad» que propone la
estructura y lectura de nuestro mundo material del universo icónico de la
cibercultura.
Se trata de un nuevo
espacio informativo y comunicativo en contraposición a los modos tradicionales
de tacto, contacto, lectura y significación de la imagen guiados por criterios
de exclusividad, de privacidad, de legitimidad y valor estético. El sistema de redes
telemáticas hace viable este tipo de actividad permitiendo la hibridación de la
creación, distribución y circulación de contenido audiovisual.
Este paso de lo
analógico a lo digital nos permite sumergirnos en realidades irreales y nos propone otras pautas
de sociabilidad reestructurando el carácter interactivo entre máquina y
persona.
Sin embargo, la gran novedad cultural de la imagen
digital radica en que no es una tecnología de la reproducción, sino de la
producción que combina y hace compatibles la imaginación ilimitada del pintor,
su libérrima invención subjetiva, con la perfección propia de la máquina.
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