viernes, 10 de marzo de 2017

Imagen y control social. Introducción.

La intención principal de este libro es hacer una reflexión crítica sobre la utilización de la imagen para el control social y sobre qué usos y en beneficio de qué intereses se hacen de las imágenes.
A lo largo de los diferentes capítulos se reflexiona sobre si existe una auténtica gramática y sintaxis de la visión sujeta a una serie de reglas perceptivas, y una determinada técnica y estética de contemplar una imagen, así como unas reglas básicas de composición visual o una retórica de la imagen, así como significados latentes como los estereotipos que afectan a la construcción de los significados que realicemos al mirar una imagen o incluso significados ocultos como los subliminales que son todo un tratado de manipulación en sí mismos. 

En primer lugar, para comenzar con la lectura de este libro se hace necesaria la descripción de un concepto clave: ¿Qué es la imagen?
La imagen es una representación, una simulación de la realidad o, lo que es lo mismo, una «realidad» interpretada.
A partir de ahí el autor hace una diferenciación entre dos conceptos: 

  • Ver: capacidad fisiológica de la visión. Acto pasivo. 
  • Mirar: mecanismos fisiológicos (ver) + cognitivos (atención y búsqueda visual: construcción de significados). Acto que implica voluntad. A través de la mirada involucramos nuestra particular forma de ver el mundo más allá de sus componentes fisiológicos y supone una interacción dinámica de nuestros propios intereses, ideología, cultura… Distintas formas de acceder visualmente al contenido de las imágenes para la construcción de los significados con base en nuestra experiencia previa y capacidad de interpretación. 



En este sentido, cobran especial importancia los medios de comunicación y su forma de presentar las las imágenes, ya que estos medios actúan como la interpretación canónica (a la vez simplista y reduccionista) de la realidad y así se impide a una ciudadanía la reflexión, la crítica o el contraste de la información porque ya la realidad ha sido interpretada por otros de una forma autoritaria.
Surge así, la necesidad de una EDUCACIÓN DE LA MIRADA y una EDUCACIÓN MEDIÁTICA. 
Ahora bien, uno de los errores principales que se cometen en la educación en medios consiste en marginar las dimensiones relacionadas con la emotividad y el inconsciente.

Nuestra sociedad (sociedad mediática) es la Sociedad del Espectáculo lo que supone una disminución del peso de la racionalidad y de la conciencia y, en consecuencia, un incremento del peso de la emotividad y del inconsciente. En este sentido podría decirse que la cultura mediática cumple una función catártica, compensatoria o complementaria. Pero también podemos advertir una función modeladora, ya que la energía emotiva es canalizada en una dirección ideológica y ética que puede tener diferentes interpretaciones (correctas o erróneas). 
Socialización de los significados = interacción de la finalidad perseguida por los creadores de imágenes y nuestra experiencia previa y capacidad de interpretación.

Esa sutil asociación nos puede llevar a la identificación de falsas necesidades implícitas en la promesa publicitaria. Uno de los problemas es esta sociedad del espectáculo.

 De todo esto se puede deducir que las imágenes generan emociones y éstas a su vez, significados. La imagen actúa a través de las emociones, plano radicalmente diferente al racional y lo que ocurre es que transferimos los significados que esas emociones producen al terreno de lo racional y aquí no hacemos una revisión crítica de esos significados (como en el caso de los estereotipos o en la imagen publicitaria en general).
 Las imágenes son portadoras de significados que nosotros y nosotras captamos a través de nuestras miradas, pero que también los mismos creadores de imágenes condicionan esas interpretaciones.


Con el desarrollo del cine se ha insistido en la perturbadora confusión entre imagen y realidad, ya que para los espectadores resultaba un gran esfuerzo cognitivo y emocional el proceso de decodificación que costaba interpretar un primer plano. Sin embargo, imagen y significado toman su imbricación en el lenguaje cinematográfico con el montaje (selección, medida y orden de los planos para constituir una continuidad cinematográfica). 

Han pasado los años y la imagen y su lectura han evolucionado hasta lo que conocemos como imagen virtual que concibe una nueva lógica de sentido que acompaña al «nuevo régimen de visibilidad» que propone la estructura y lectura de nuestro mundo material del universo icónico de la cibercultura.
Se trata de un nuevo espacio informativo y comunicativo en contraposición a los modos tradicionales de tacto, contacto, lectura y significación de la imagen guiados por criterios de exclusividad, de privacidad, de legitimidad y valor estético. El sistema de redes telemáticas hace viable este tipo de actividad permitiendo la hibridación de la creación, distribución y circulación de contenido audiovisual.
Este paso de lo analógico a lo digital nos permite sumergirnos en realidades irreales y nos  propone otras pautas de sociabilidad reestructurando el carácter interactivo entre máquina y persona.
Sin embargo, la gran novedad cultural de la imagen digital radica en que no es una tecnología de la reproducción, sino de la producción que combina y hace compatibles la imaginación ilimitada del pintor, su libérrima invención subjetiva, con la perfección propia de la máquina.

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