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domingo, 21 de mayo de 2017

Sexismo en la infancia

Ya hemos comentado anteriormente la influencia de las películas estereotipadas en los niños y niñas. Sin embargo, a parte de este tipo de mensajes, existen muchos otros que afectan a los más pequeños. 

Un ejemplo es la noticia de "Francia pone freno a las 'lolitas'". En esta noticia se cuenta cómo una senadora pide al Gobierno que se prohíban las modelos menores de 16 años debido a un reportaje de la revista francesa Vogue que escandalizó al país. Tres niñas de 7 años aparecen peinadas y maquilladas como adultas, disfrazadas de mujeres fatales, subidas en tacones de vértigo y posando como divas. Esto causó polémica alertando sobre el fenómeno definido de “hipersexualización” de los menores de 12 años, que a juicio de los expertos pone en peligro tanto el bienestar psicológico y afectivo de los niños como el principio de igualdad entre géneros.

La hipersexualización de los niños se define como “la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de la vestimenta considerados como demasiado precoces”. Algunas escuelas primarias por ejemplo han tenido que prohibir a sus alumnas los tacones altos y el maquillaje, mientras que en la cara opiesta las tiendas de lencería proponen minitangas y sujetadores para niñas de 8 años con relleno. Así, el fenómeno viene impulsado por la industria de la moda y de los medios de comunicación.

¿Se incita a la pedofilia en el 'Vogue' francés? 

La senadora y exministra de Deportes alerta de que “la intrusión precoz de la sexualidad conlleva daños psicológicos irreversibles en el 80% de los casos” y que puede provocar disturbios en el comportamiento de las pequeñas, como la anorexia: de hecho, el 37% de las menores de 11 años están ya a dieta. Además, considera que esta tendencia es indisociable de la "banalización de la pornografía", que en el caso de los chicos "puede inducir a comportamientos sexuales violentos y legitima el acoso". Además participa en el retroceso de la igualdad entre mujeres y hombres, ya que "la hipersexualización vehicula el estereotipo de la mujer/niña pasiva, definida por su apariencia y animada por la sexualidad".








domingo, 14 de mayo de 2017

Estereotipos e imagen mediática de las mujeres

Las imágenes pueden mesmerizarnos con su poder hipnótico hasta fabricar artificialmente un consenso al que calificamos luego de “democrático” y como el discurso único, cotidiano y normalizado. Así, a fuerza de dar más de lo mismo se consigue presentar como natural la ideología dominante.

Los medios clásicos, prensa, radio y televisión y los lenguajes persuasivos del cine y de la publicidad han generado una representación estereotipada de la mujer que la han configurado como reinas del hogar, abnegadas madres, esclavas de lo cotidiano, objeto de deseo, cuidadoras de su prole, obligadas a ser y estar bellas dentro de los cánones de la dictadura publicitaria…

Los avances del feminismo son un hecho innegable, pero en el siglo XXI nos alumbra aún una cultura de la belleza, el culto a las apariencias y una alergia femenina hacia el volumen adiposo y hacia las arrugas de la piel. Las mujeres buscan afanosamente ofrecer su mejor imagen en un mundo saturado de imágenes.

En el caso del discurso pedagógico de la Publicidad, la invisibilidad de la mujer es la piedra angular sobre la que giran las representaciones de la belleza, de la sumisión y de la perversión en unas fantasmagorías difícilmente reconocibles por inadvertidas (Correa, Guzmán y Auaded, 1999).




En este discurso onírico, que crea falsas necesidades y luego nos vende productos para satisfacerlas, encontramos los rasgos decadentes de la civilización de la imagen quien, pese a su obviedad, mantiene oculta la verdadera condición social e histórica de las mujeres. Las imágenes publicitarias adjetivan a una mujer anclada en esquemas tradicionales, a menudo denigrantes, como simple objeto sexual o con roles inferiores supeditados a los hombres.




Aquí os dejo algunos anuncios publicitarios con este tipos de mensajes sexistas y/o androcéntricos:


Incluso las imágenes cinematográficas infantiles más ingenuas y candorosas pueden ser cómplices de este control mediático de las mentes, por ejemplo a través de los estereotipados roles de género personificados en las princesas de las películas de Disney. En los primeros años podemos ver cómo las princesas Disney tienen unos roles y un estereotipos que transmiten a los más pequeños muy marcados y basados en un guión  androcéntrico de la ideología invisible de la dominación masculina.



Sin embargo, también es cierto que esto roles han evolucionado con los años, dotando a la mujer de ciertos valores para una sociedad más igualitaria. Las princesas Disney se han convertido en mujeres más independientes y con otros objetivos que van más allá de casarse y vivir felices para siempre.  Personajes que han ido evolucionando lentamente y adaptándose a los cambios que han sufrido las mujeres en la sociedad. Nada tiene que ver aquella Blancanieves de 1937 con Mérida (2012) o Elsa (2013).   Ellas se han convertido en las verdaderas heroínas de sus cuentos, personajes intrépidos y activos que no esperan a ser rescatadas por un príncipe azul.


Aquí podéis ver algunos rasgos que nos permiten comprobar esta evolución.

La exclusión de la mujer en la ley

El Código de Hammurabi (1750 a.C.) se tiene como el punto de inflexión histórica donde se consolida definitivamente en las leyes la sumisión de la mujer al varón y la génesis de la cultura patriarcal y androcéntrica. De las cerca de trescientas leyes acuñadas en esa estela de diorita, más de setenta se dedicaban a regular el matrimonio y los usos sexuales, con la particularidad de que eran tan restrictivas para las mujeres como permisivas para los hombres.

En el libro Las Siete Partidas (Alfonso X el Sabio) se especificaba que el adulterio consistía en el yerro que un hombre cometía cuando yacía con una mujer casada y que la mujer del adúltero no podía denunciar a su marido porque «del adulterio que faze el varon con otra muger, non nace daño ni desonrra a la suya». Por contra, «del adulterio que faze su muger con otro, finca el marido desonrrado, recibiendo la muger a otro en su lecho».

Mucho eco histórico tendría aquella ley del Rey Sabio porque en el siglo XIX volvemos a encontrar en el Código Penal de 1822 lo siguiente: «Art. 683. La muger casada que comete adulterio perderá todos los derechos de la sociedad conyugal, y sufrirá una reclusión por el tiempo que quiera el marido, con tal que no pase de diez años. Si el marido muriese sin haber perdido la soltura y faltase más de un año para que cumpliese el término de la reclusión, permanecerá en ella la muger un año después de la muerte del marido; y si faltare menos tiempo, acabará de cumplirlo. El cómplice en el adulterio sufrirá igual tiempo de reclusión que la muger, y será desterrado del pueblo mientas viva el marido, á no ser que éste consienta lo contrario».


En España, no se despenalizó este visión androcéntrica y desequilibrada del adulterio hasta el siglo XX, concretamente en 1978. Hasta entonces, el varón tenía ciertas atenuantes basadas en el difuso concepto del “honor ultrajado o mancillado” mientras que para la mujer suponía la ignominia, el desprecio y hasta la causa eficiente de ingresar en la cárcel.

La exclusión de la mujer en la religión

Hasta la llegada de las religiones monoteístas en todas las culturas prehistóricas euroasiáticas la fuerza procreadora del universo fue personalizada en la figura de una mujer (Rodríguez, 1999), la Gran Madre, de donde venimos y a donde todo retornará. Sin embargo, con la llegada de las religiones monoteístas, se comienza a concebir el origen del mundo bajo un principio masculino, identificando al Dios creador como Él. 

“Bendito sea Yavé porque no me hizo gentil; bendito sea Yavé porque no me hizo esclavo; bendito sea Yavé porque no me hizo mujer”. (Texto del Talmud hebráico).

¿Cómo, cuándo y por qué la mujer queda relegada a un segundo plano?

Durante el Imperio Romano, hombres y mujeres poseían los mismos derechos de culto, pero la situación no se prolongó demasiado, ya que en el siglo II un manual de liturgia cristiana dedicó un capítulo a la disposición de los asistentes a una asamblea y dispuso que las mujeres han de estar separadas de los hombres y en silencio. Un tiempo después, en el siglo IV, Eusebio de Cesárea, primer historiador de la Iglesia, escribió que no se le permitía a las mujeres leer públicamente en las iglesias ni predicar, porque en los comienzos del cristianismo, las enseñanzas de las mujeres molestó al apóstol (Pablo) y éste las mandó a callar.

Una etapa maldita de la Iglesia católica fue, sin duda, el genocidio religioso llevado a cabo por la Inquisición, en nombre de Dios, durante la cual se llevó a cabo la persecución de muchas mujeres acusadas de brujería.  El nivel de represión alcanzó cotas aterradoras.

¿Quién habló de fundamentalismo religioso, de intolerancias y de crueldad en las sentencias por lapidación en ciertos países islámicos de hoy, como Nigeria, Irak, Irán, Sudán…?

La exclusión de la mujer en la Historia

Sedimentos antropológicos e históricos:

En muchas culturas se piensa que los hombres son espiritualmente superiores a las mujeres y éstas son tratadas como seres peligrosos y contaminadores. Esto es, sin duda, la consecuencia de los sedimentos antropológicos que han dado origen a nuestra civilización, fundamentada en una misoginia radical que atraviesa épocas y espacios geográficos diferentes.

Algunos ejemplos: la tribu de los yanomami, el nama (Nueva Guinea).

En la tribu de los yanomami la mayoría de las peleas se originan por actos reales o imaginarios de adulterio o por promesas incumplidas de proporcionar esposas.
También el cuerpo de las mujeres se halla cubierto de cicatrices, fruto de encuentros violentos con seductores, maridos y/o violadores. De hecho, el estatus entre las mujeres se mide según la frecuencia de las pequeñas palizas que les propinan sus maridos.

En Papúa, Nueva Guinea, existe el nama, culto de iniciación masculina que forma a los varones para ser bravos guerreros a la vez que aprenden a dominar a las mujeres. Los hombres tenían la obligación de mostrarse extremadamente violentos en relación con sus mujeres en todos los acontecimientos sociales y la vida privada y todo eso formaba parte del orden natural de las cosas.

La supeditación de la mujer al hombre se originó al mismo tiempo que la propiedad privada y la familia, cuando los humanos dejaron de ser nómadas y se asentaron en poblados agricultores. La escisión en dos ámbitos, doméstico y público, impulsó el control de la dominación masculina y a las mujeres no les cabría otra opción que ser ciudadana de segunda clase para siempre.

Se puede, si embargo, reconocer en la Revolución Francesa un punto de inflexión que intentó soslayar esa absurda pero interesada asimetría de poder entre hombres y mujeres. Los ideales revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad plantearon un nuevo dilema a la sociedad de la época: "O bien ningún miembro de la raza humana posee verdaderos derechos, o bien todos tenemos los mismos”.

Sin embargo, aquel espejismo de ensueño de justicia y de libertad fue efímero: con la llegada de la época del Terror, la mujer volvía al puesto que le correspondía según la tradición misógina que arrancaba en la noche de los tiempos.

Si en algo valió la pena el intento fue porque en esa época comenzó a gestarse el feminismo como movimiento político. El feminismo viene de la Ilustración Europea, aunque arranca previamente de la filosofía barroca y es en el Siglo de las Luces cuando toma su primer gran impulso.

Después, en la nueva legislación civil, las mujeres eran consideradas hijas, mujeres o madres en poder de los varones y no tenían derecho a la propiedad, o a fijar o abandonar el domicilio. El feminismo sufrió así un retroceso.

Por eso el derecho al voto y la entrada en la educación se constituyeron en los dos objetivos del sufragismo que se denomina “segunda ola feminista” ya en el siglo XX. En definitiva, lo que se pretendía era un principio inalienable que poseían todos los ciudadanos: la libertad.


Ya a mediados del siglo XIX la cuestión de la mujer era entendida como un problema social pero los historiadores, los enciclopedistas, los científicos, los guardianes de la cultura oficial, que han sido siempre hombres, en raras ocasiones han permitido la presencia, aunque fuera fugaz, de la mujer en los anales.

sábado, 13 de mayo de 2017

Vídeos sobre imágenes sexistas


En el vídeo "Atrévete" el mensaje que nos transmite es el de una mujer insegura al principio, con miedo. Sin embargo, el mensaje final es el de una mujer valiente, que toma al control de la situación. Ya no se trata de una mujer sumisa y oculta en la sombra de los demás, sino una mujer que toma el control de sus actos y de su propia vida. 


En el vídeo "Asesinato taliban" nos muestran cómo las leyes religiosas, en este caso musulmanas, controlan a las personas. El mensaje es claro: aquí el que manda es el hombre. A la mujer solo le queda un papel secundario, por debajo del hombre. Su vida vale menos y ni si queira tiene la oportunidad de hablar o defenderse. También podemos apreciar el control de los mensajes, ya que, aunque la mujer era inocente, esto seguramente no fue el discurso que se emitieron los asesinos. 


El vídeo "Mamás y papás" nos muestra cómo una niña, a través del juego simbólico, representa su situación familiar. Aquí nos encontramos con que la niña tiene interiorizado el comportamiento maltratador de su padre. La niña entiende que su padre está por encima de su madre y ve el maltrato como una situación cotidiana y normalizada, que reproduce...


Por último, en el "Anuncio de Desigual" el mensaje es el siguiente: busca la igualdad comprándote esta ropa. El objetivo del anuncio es crear la falsa necesidad de comprarse esa ropa para estar al mismo nivel de los hombres, para actuar como ellos. Se utiliza en boca de la mujer un discurso "típico" y estereotipado de los hombres.  Me resulta curioso además una de las últimas frases: "sin prejuicios". ¿Sin prejuicios? ¿Enserio?