Estos tres vídeos muestran hasta donde puede llegar la intolerancia humana. Representan la falta de solidaridad de la que hablaba Correa en el capítulo 2 de su libro Imagen y control social.
Se trata de imágenes que sin duda impactan, quedan en nuestra retina y nos crean un sentimiento de repulsión en el mejor de los casos. Son presentan al "Otro" como un individuo en situación de sumisión, como un animal, como un objeto... Los límites del mal en los hombres.
Por otro lado, el bombardeo que recibimos a diario de imágenes de este tipo puede llegar a insensibilizarnos, a hacernos creer que esto es lo "normal", que no tiene solución. Y este es uno de los principales problemas a los que nos enfrentamos en la actual sociedad. Y, por desgracia, posiblemente sea algo que vaya a peor, entre otras cosas a causa de los videojuegos y otros medios mediáticos.
Los permisos de armas son uno de
los principales problemas de EEUU y sucesos como los que se narran en esta
noticia ocurren con demasiada frecuencia en este país.
¿Están los estadounidenses insensibilizados
ante este tipo de acontecimiento?
¿Esta situación está cada vez más
“normalizada”? Quiero decir, ¿el shock inicial ante estas noticias tiene cada
vez menos impacto en los sentimientos de las personas, por ser sucesos que
ocurren repetidamente?
¿Ven los ciudadanos este tipo de
hechos como algo que no tiene solución, que ocurre y ya está?
En mi opinión, la respuesta a
todas estas cuestiones, lamentablemente es afirmativa (siempre de manera
general, ya que en muchas ocasiones, son precisamente este tipo de hechos los
que suscitan la rebelión de unos pocos y la polémica social a veces tan
necesaria).
Se trata de un programa de televisión chino donde el presentador Ding y su equipo han entrevistado a más de 200 condenados a muerte, en muchos casos en los minutos previos a recibir la inyección letal o un tiro en la nuca, los dos métodos habitualmente empleados en el país asiático para aplicar la pena capital.
Se centraba en casos violentos, nunca políticos o en los que la autoría del crimen estaba en cuestión. Se escogían siempre aquellos casos considerados más adecuados para promover el efecto disuasorio de la pena de muerte e instruir a la gente sobre las consecuencias de tomar el camino equivocado.
“La intención es evitar que otra gente repita sus errores”
¿Moral o morbosidad?
¿Justicia para todos?
¿Pena de muerte como fuerza de control?
Pero lo que a mi personalmente me resulta realmente sorprendente es que este programa fuese puesto en marcha con el objetivo de educar a la población, es decir, con fines educativos y pedagógicos. ¿Con qué fin? Muy sencillo: evitar que el resto de ciudadanos hagan lo mismo, para conseguir el control de las mentes del resto de individuos.
Este vídeo, colgado en Youtube por
un usuario anónimo, muestra a cuatro soldados de EEUU orinando sobre tres
cadáveres afganos. Al menos cinco soldados del ejército norteamericano han sido
sancionados. Gracias a estas imágenes los soldados no pudieron hacer otra cosa
que aceptar las acusaciones y confesar sus actos.
He aquí un claro ejemplo del
poder de las imágenes y la capacidad de difusión de los contenidos en la red,
así como sus consecuencias.
Por otro lado (al margen de esta noticia en concreto), no debemos olvidar
que también existe la manipulación informativa. Tal y como el propio Correa
afirma, las imágenes tienen un poder visual difícilmente cuestionable pero, al
mismo tiempo, es necesario tener cuidado y no dar por obvio lo que vemos a
simple vista, dicho en otras palabras, no debemos dar por hecho una única
verdad mediática y obviar el resto.
La nueva película de Kathryn
Bigelow, ‘La noche más oscura’, sobre la captura de Bin Laden, reabre el debate
sobre los métodos de la CIA para obtener información, sobre la legitimidad de
la tortura.
Obama y las organizaciones de
derechos humanos simplemente han calificado esas técnicas como torturas
y manifestado que suponen la traición de principios básicos establecidos en la
Constitución de su país: “América no tortura”.
La noche más oscura nos muestra cómo la tortura hace hablar: el dolor y el pánico que se ejerce sobre un prisionero en los primeros minutos de filme concluye con la caza y captura del líder de Al Qaeda al final de la película.
A modo de introducción me
gustaría empezar proponiendo este vídeo sobre “10 fotografías que hicieron
historia” para reflexionar sobre ellas:
En su libro, Susan Sontag trata
de acercarse al fenómeno de las imágenes violentas intentando establecer una
relación directa con las imágenes de la violencia como guerras, genocidios y
barbaries y sus representaciones audiovisuales. Susan Sontang reclama la
necesidad de denunciar desde la fotografía el abuso tantas veces como éste se
produzca. De este modo, la autora trata
de acercar al lector al sufrimiento de los otros. Algo necesario para el ser
humano, ya que de esta forma es capaz de identificarse con el otro y, por
tanto, comprender ciertos aspectos de la vida que de lo contrario pasarían
desapercibidos.
A lo largo del libro se hace una
reflexión sobre las imágenes más denigrantes que han podido captar los
reporteros gráficos en las diferentes guerras y sucesos que han asolado a la
humanidad. Así, tanto el contenido de estas fotografías y su uso ideológico
como la reacción del espectador y de los propios fotógrafos son partes
fundamentales de análisis.
Esta lectura nos da que pensar…
¿Qué efectos tiene la continua
exhibición de miserias en el espectador?
Cabe destacar que en este punto
podemos encontrar dos puntos de vista. Cuando las víctimas somos “nosotros”, es
decir, personas relativamente cercanas con las que podemos llegar a identificarnos,
estas imágenes de atrocidades no son tan explícitas como aquellas en las que la
víctima es una persona que nos “pilla lejos”, cuyas imágenes son presentadas
con el más mínimo detalle.
¿La sobre-estimulación de la sensibilidad a través de las
imágenes conduce a una naturalización de aquello que es mostrado y sus causas,
un sentimiento de que lo que se ve es, después de todo, irremediable?
Los medios de comunicación, los videojuegos y las películas nos
han bombardeado tanto con imágenes sangrientas y morbosas que cada vez es más
difícil hacer sentir algo a alguien con ellas, estamos cada vez más
insensibilizados. El shock ante estas imágenes cada vez tiene menos
potencia de impacto.
También ocurre que, al estar tan bombardeados por este tipos
de material audiovisual, nos es ya algo “normal”, algo cotidiano, de tal forma
que lo vemos como algo que no tiene solución, ocurre y ya está.
¿De qué manera la proliferación de imágenes de todas partes
del mundo genera en nosotros la presunción de que “sabemos” lo que pasa?
La respuesta la podemos resumir en la siguiente frase: “si no lo veo, no existe”. (Esto tiene también mucha relación con lo que comentábamos en la entrada anterior de las "verdades" mediáticas).
Otro punto al que Sontag dedica atención especial es a la
fascinación que la atrocidad ajena es capaz de generar, ese impulso morboso que
pulsa con más o menos fuerza en todo espectador. La divulgación de fotografías
de muertos, heridos, enfermos y hambrientos responde a una lógica doble: por un
lado, a la denuncia de estas situaciones; por otro, a la satisfacción del
morbo.En este punto podemos
plantearnos dos cuestiones: ¿En qué medida es el morbo del público el
que favorece la transformación del dolor ajeno en espectáculo? ¿Hasta dónde la
fotografía documental y periodística de la atrocidad cumple una función concientizadora
y, más allá de ella, se convierte apenas en una exacerbación de la morbosidad?
Respecto a esto, Susan Sontag critica a quienes convierten el horror de la
guerra en un espectáculo y que nos advierte del peligro de que la propia imagen
se vuelva un producto meramente banal.
Sontag realiza en Ante el
dolor de los demás una reflexión continua sobre lo que las imágenes
son capaces de suscitar en las personas. Insiste en que una fotografía puede
causar en la gente un acto de rebeldía, de concienciación. Pero también puede
provocar todo lo contrario; esto es, indiferencia, morbo: únicamente simple
curiosidad. El amor a la maldad, dice, es tan natural en
los seres humanos como la simpatía.
Bibliografía:
Sontag, S. (2003): Ante
el dolor de los demás. Madrid,
Santillana Ediciones Generales, S.L