viernes, 21 de abril de 2017

Ante el dolor de los demás

A modo de introducción me gustaría empezar proponiendo este vídeo sobre “10 fotografías que hicieron historia” para reflexionar sobre ellas:


En su libro, Susan Sontag trata de acercarse al fenómeno de las imágenes violentas intentando establecer una relación directa con las imágenes de la violencia como guerras, genocidios y barbaries y sus representaciones audiovisuales. Susan Sontang  reclama la necesidad de denunciar desde la fotografía el abuso tantas veces como éste se produzca. De este modo, la autora  trata de acercar al lector al sufrimiento de los otros. Algo necesario para el ser humano, ya que de esta forma es capaz de identificarse con el otro y, por tanto, comprender ciertos aspectos de la vida que de lo contrario pasarían desapercibidos.
A lo largo del libro se hace una reflexión sobre las imágenes más denigrantes que han podido captar los reporteros gráficos en las diferentes guerras y sucesos que han asolado a la humanidad. Así, tanto el contenido de estas fotografías y su uso ideológico como la reacción del espectador y de los propios fotógrafos son partes fundamentales de análisis.

Esta lectura nos da que pensar…
¿Qué efectos tiene la continua exhibición de miserias en el espectador?
Cabe destacar que en este punto podemos encontrar dos puntos de vista. Cuando las víctimas somos “nosotros”, es decir, personas relativamente cercanas con las que podemos llegar a identificarnos, estas imágenes de atrocidades no son tan explícitas como aquellas en las que la víctima es una persona que nos “pilla lejos”, cuyas imágenes son presentadas con el más mínimo detalle.

¿La sobre-estimulación de la sensibilidad a través de las imágenes conduce a una naturalización de aquello que es mostrado y sus causas, un sentimiento de que lo que se ve es, después de todo, irremediable?
Los medios de comunicación, los videojuegos y las películas nos han bombardeado tanto con imágenes sangrientas y morbosas que cada vez es más difícil hacer sentir algo a alguien con ellas, estamos cada vez más insensibilizados. El shock ante estas imágenes cada vez tiene menos potencia de impacto.
También ocurre que, al estar tan bombardeados por este tipos de material audiovisual, nos es ya algo “normal”, algo cotidiano, de tal forma que lo vemos como algo que no tiene solución, ocurre y ya está.

¿De qué manera la proliferación de imágenes de todas partes del mundo genera en nosotros la presunción de que “sabemos” lo que pasa? 
La respuesta la podemos resumir en la siguiente frase: “si no lo veo, no existe”. (Esto tiene también mucha relación con lo que comentábamos en la entrada anterior de las "verdades" mediáticas).

Otro punto al que Sontag dedica atención especial es a la fascinación que la atrocidad ajena es capaz de generar, ese impulso morboso que pulsa con más o menos fuerza en todo espectador. La divulgación de fotografías de muertos, heridos, enfermos y hambrientos responde a una lógica doble: por un lado, a la denuncia de estas situaciones; por otro, a la satisfacción del morbo. En este punto podemos plantearnos dos cuestiones: ¿En qué medida es el morbo del público el que favorece la transformación del dolor ajeno en espectáculo? ¿Hasta dónde la fotografía documental y periodística de la atrocidad cumple una función concientizadora y, más allá de ella, se convierte apenas en una exacerbación de la morbosidad? Respecto a esto, Susan Sontag critica a quienes convierten el horror de la guerra en un espectáculo y que nos advierte del peligro de que la propia imagen se vuelva un producto meramente banal. 

Sontag realiza en Ante el dolor de los demás una reflexión continua sobre lo que las imágenes son capaces de suscitar en las personas. Insiste en que una fotografía puede causar en la gente un acto de rebeldía, de concienciación. Pero también puede provocar todo lo contrario; esto es, indiferencia, morbo: únicamente simple curiosidad. El amor a la maldad, dice, es tan natural en los seres humanos como la simpatía.

Bibliografía:

Sontag, S. (2003): Ante el dolor de los demás. Madrid, Santillana Ediciones Generales, S.L

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