Actualmente, la llegada de estas
nuevas tecnologías aporta movilidad, conectividad, ubicuidad y permanencia a
los procesos sociales. Se produce así un cambio de paradigma: nos encontramos
en una sociedad pluriconectada, en la que se produce, como hemos dicho anteriormente,
un constante intercambio de información en la red.
Manuel Castells (2009) explica
que la multiplicación de canales y modos de comunicación que permiten las
nuevas tecnologías ha provocado una evolución en la que pasamos de una ecología
mediática homogénea a un sistema en el que lo que priva es la diversidad de
medios.
La comunicación digital, por lo
tanto, se caracteriza entre otras cosas por ser multimodal, interactiva y no
lineal. El hipertexto se convierte así en la herramienta preferente y la
narrativa digital nos lleva de los nuevos medios a las hipermediaciones. Se
supera la tradicional dicotomía emisor-receptor que muta en nuevas concepciones
como los EMIREC de Cloutier o los prosumers de Toffler. Y, como adelantó
McLuhan, las fronteras entre medio y mensaje se difuminan, y el mundo del siglo
XXI se caracteriza por una convergencia tecnológica que, siguiendo a Henry
Jenkins, lo hace trasnmediático.
La comunicación se convierte en
la forma de interacción con el entorno social, y por tanto, depende de la
estructura, la cultura, la organización y la tecnología de comunicación de una
sociedad. En la actual sociedad del conocimiento predominan lo que Castells
denomina redes digitales de comunicación: los medios de comunicación multimedia
y las redes de comunicación interactivas, entre las que destacan Internet y las
conexiones inalámbricas.
A través de estos
medios de comunicación se produce el intercambio de una gran cantidad de
información, por ser estas redes de carácter global. Todo ello permite a los
usuarios participar y colaborar conjuntamente en la construcción de
conocimiento.
Sin embargo, tal y como expone Castells (2009), la
forma esencial de poder está en la capacidad de modelar la mente de los
individuos a través de los procesos comunicativos, es decir, a través de los
mensajes. Esta forma de comunicarse y relacionarse, por tanto, también tiene su
lado oscuro. Autores como Callejo (2008) hablan del mensaje como forma de
consumo.
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