miércoles, 19 de abril de 2017

Imagen y control social. Capítulo 2.

CAPÍTULO 2. Imágenes de lo intolerable.

2.1. Reflexión primera: la memoria de lo imborrable.
Los significados que construimos sobre las imágenes nos revelan un mundo, al igual que nos ocultan otros mundos posibles (ésa es la grandeza y la miseria de las imágenes). Los factores individuales (historia personal, competencia decodificadora, ideología…) interactúan con los sociales (estereotipos, ideología dominante, cultura, religión…). Cualquier imagen es una fuente inagotable de significados. Nuestra adscripción a un determinado grupo humano de referencia va a consolidar unos significados en detrimento de otros, delimitando las posibles connotaciones que son, al fin y al cabo, patrones de cultura o de costumbres sociales como especiales formas de percibir e interpretar la realidad en que se vive.

En la actual sociedad mediática à Imágenes ligadas al espectáculo. Por ejemplo: las snuff-movies: grabaciones de asesinatos, violaciones, torturas, suicidios, necrofilia, infanticidio, entre otros crímenes reales (sin la ayuda de efectos especiales o cualquier otro truco) con la finalidad de distribuirlas comercialmente para entretenimiento.
Las imágenes de lo intolerable debieran ser la memoria de lo imborrable. Cuando no hay imágenes, no hay memoria o no hay Historia.

2.2. Bestiario icónico de vilezas, opresiones y otras maldades.
Las imágenes, en ocasiones, hablan y narran una historia que sucedió en algún momento, imágenes que han eternizado un instante, han congelado el tiempo para que seamos espectadores de excepción o en cierta forma protagonistas, si nos implicamos emocionalmente con lo que vemos y miramos.
La condición humana ha optado por seguir como norma social e histórica el dilema de considerar al Otro como un espacio de poder y no como un espacio de tolerancia. Siempre ha habido, hay y habrá seres humanos que pertenezcan a los opresores y seres humanos que sean los oprimidos. En este contexto lo intolerable es hacer pobre al Otro. Lo intolerable es, precisamente, lo que niega la parte más luminosa de nuestra condición humana: la solidaridad, la tolerancia, el amor, la entrega, el sacrificio…
A través de las imágenes podemos comprobar algunos sucesos que podríamos clasificar de intolerables y que, por ello, son imágenes que se han vuelto mediáticas y han dado la vuelta al mundo. En ocasiones es tal la intensidad de estas imágenes que podemos percibir la angustia del ser humano, el intenso dramatismo de la escena queda condensado en su propia acción y en los rostros de los personajes. Muchas veces estas imágenes pertenecen a esa clase de documentos gráficos que la censura militar o política trata de «ocultar» ante la opinión pública, ya que son fuente de una auténtica polémica social.

Algunos ejemplos son: la pena de muerte, el racismo, las dictaduras, masacres en nombre de la religión, terrorismo, tortura de guerra, etc.
Imagen tomada por Thomas Howard en 1928 y reproducida en el Daily News de New Cork

Imagen tomada por Eddie Adams en 1968 durante la Guerra de Vietnam

Como decía Robert Capa, el genial reportero gráfico de los conflictos bélicos, «los muertos habrían perecido en vano si los vivos se negasen a verlos».
Volvemos aquí de nuevo a la frase en torno a la cual gira este capítulo:
Si no hay imágenes no hay historia.

En algunas situaciones, como las de atentados terroristas o guerras, las empresas de relaciones públicas lanzan “verdades” mediáticas y constituyen el principal aliado del Departamento de Defensa. La estrategia básica consiste en verter sobre la opinión pública un suceso abominable y que se supone ha ocurrido en la realidad y que va a crear un estado de opinión. La estrategia refinada sería «alimentar» esa información para seguir sensibilizando a la ciudadanía. Así se actuó en la Guerra de los Balcanes creando conceptos mediáticos que no se correspondían con la realidad: «campos de exterminio serbios», «limpieza étnica», «genocidio racial», etc.
En la guerra de Vietnam, la «defensa del mundo libre» fue el argumento que racionalizó aquella barbarie y lo que galvanizó a la opinión pública USA para intervenir militarmente en un exótico país alejado de sus fronteras miles de kilómetros. En la segunda Guerra del Golfo y el derrocamiento definitivo de Sadam Hussein se le dijo a la opinión pública mundial que Irak poseía armas de destrucción masiva y letales armas químicas para ser utilizadas contra Occidente. En sí mismo, el arte de la democracia acaba residiendo en la habilidad y estrategia de los políticos y gobernantes en la «fabricación del consenso» un término eufemísticamente orwelliano que viene a ser lo mismo que «control del pensamiento», como nos recuerda Noam Chomsky.
Lo que no se ve no existe. Lo que no existe no puede demostrarse.
Por otro lado, Los beneficios de algunas empresas de seguridad privadas crecieron hasta un 300% durante la guerra de Irak, lo que demuestra que la privatización llega hasta un conflicto bélico.
Una sociedad guiada por las intenciones y no por la ley puede desembocar en una sociedad sin ley. Estados Unidos es un claro ejemplo: los intereses ocultos, las mentiras mediáticas, las actuaciones del ejército y su cohorte de mercenarios donde «todo vale» para frenar los avances del terrorismo internacional de los fundamentalistas islámicos, la «vietnamización» de los territorios «liberados», la inseguridad y el clima de violencia extrema que genera la ocupación USA… hacen poco creíble la idea de que Estados Unidos es el paladín del mundo libre.

El capitalismo neoliberal tiene hecha una lista invisible de gente que ha sido declarada peligrosa para el sistema. Por suerte, la misma mecánica de funcionamiento del sistema asegura la eliminación o anulación de estos grupos. Toda esta gente son los Nadies: mujeres, pobres, inmigrantes, niños, homosexuales, drogadictos, enfermos, delincuentes, ancianos...
El sistema puede lograr domesticar los cuerpos y las mentes de las personas, su forma de actuar o de pensar, pero nunca su capacidad de soñar y de creer en las utopías.

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