CAPÍTULO 5. El Otro. La alteridad a través del cine
5.1. ¿Quiénes
son los otros?
Existe el “YO/NOSOTROS”
porque existe el “OTRO(S)”. No puede existir un término sin el otro.
En la
historia: primeras poblaciones à
primera diferenciación entre individuos (labores, gobernantes-gobernados).
La diversidad
de la especie humana se puede vivenciar desde dos enfoques radicalmente
opuestos:
a) Como un espacio de tolerancia entre iguales
b) Como un espacio de poder entre opresores y oprimidos.
Algunos ejemplos:
Plebeyos/Patricios
Cristianos/Paganos
Esclavos/Blancos
Salvajes/Conquistadores
En
definitiva, sociológica e históricamente, hay una concepción de la alteridad
basada en una visión del mundo que es sustentada a su vez por una moral y ética
maniquea.
Hoy, el mundo
global se enfrenta a la presencia cotidiana y ubicua del extranjero, del Otro y
ahora vivenciamos esa diversidad en forma de sudacas, latinos, negros, moros, polacos,
espaldas mojadas, sin papeles...
5.2. Cine
y Antropología: miradas canónicas y disidentes del lenguaje fílmico.
El cine
contribuyó al acercamiento de realidades remotas que se sólo se conocían a
través de los grabados o los libros de viajes.
Cine ↔
Antropología
La
oficialidad antropológica, basada en la «objetividad» y el método científico,
sacralizó una cosmovisión donde el estadio más alto del desarrollo humano lo
constituía la «civilización» y el extremo opuesto estaba ocupado por el
«salvajismo» y la «barbarie».
Éste fue uno
de los puntos de inflexión para distinguir entre el «nosotros» y los «otros».
Nanook elEsquimal (Robert Flaherty, 1922) es considerado el primer documental antropológico
de la Historia del Cine. Por primera vez, se nos presenta al Otro actuando en
su propio medio y sin el comentario “científico” de un plano medio del antropólogo
que estudia una realidad lejana.
Cine = no
solo una lucrativa industria, sino que en el fondo remite a formas de socialización inadvertidas y de
imposición autoritarias de determinadas ideologías.
Ejemplo: en
el cine del Oeste siempre se caracteriza al indio como el malo. Con el paso del
tiempo, estas miradas se convirtieron en la verdad asumida desde la propia
ideología dominante (la del hombre blanco).
Sólo cuando
el cine ha comenzado a ver el indio, el Otro, como un ser con entidad propia en
todos los sentidos y se han comenzado a verter denuncias en forma de imágenes
sobre aquel genocidio, estamos hablando de miradas disidentes del lenguaje
fílmico.
También
hablamos de miradas disidentes cuando nos referimos a aquéllas que se apartan
de las convenciones estereotipadas del cine como lenguaje.
5.3. La
imagen del Otro en el cine.
El
fundamentalismo de la imagen construye miradas canónicas que tienden a convertirse
en estereotipos.
El extranjero
siempre es el Otro (a pesar de vivir en un mundo globalizado).
El cine como
lenguaje y como arte no ha sido ajeno al hecho plasmar en imágenes la alteridad
que se ha vivido y vive en la sociedad. Ahora bien, el problema surge en el momento
en que queremos realizar un intento taxonómico para establecer diferentes categorías
del Otro.
Una alteridad
compleja llevada a las pantallas ha sido el esfuerzo del humano por hacer
humano un ser extraño creándolo a su imagen y semejanza, usurpando una
propiedad de los dioses. Se ha creado al Otro pero para que forme parte de
Nosotros.
Formas en las
que consideramos que el cine ha representado la alteridad:
- Cuando los otros son nosotros. por alguna causa, el «nosotros» es escindido causando una situación de conflicto y enfrentamiento abierto entre ambos bandos irreconciliables. Ej.: El nacimiento de una nación.
- Enemigos de la patria identificados como tales. La cultura de masas y el cine bélico han reforzado que nuestros enemigos tras la II GM han sido soviéticos, alemanes y japoneses. Ej.: El Gran Dictador.
- Los otros como enemigos imaginarios. Aparecen nuevos enemigos difusos bajo la bandera apátrida del terrorismo internacional. Como si se tratase de consignas políticas dictadas por el Pentágono a la industria de Hollywood. Ej.: Señales.
- Psicópatas y asesinos. Muestran al Otro como un ser anómico y repulsivo. Ej.: El silencio de los corderos.
- Cuerpos y mentes fuera de la norma. Mirar lo «anormal» desde una óptica de poder como algo diferente. El cine siempre ha sido proclive al dominio de lo monstruoso, la otra cara de la moneda de lo natural. Ej.: Eduardo Manostijeras, Forrest Gump.
- Sexualidad y género marginales. Todo lo referente al sexo siempre ha sido un tema tabú en el cine. Otros temas, como la homosexualidad o el travestismo han tenido géneros fílmicos diferentes para su expresión. Ej.: Con faldas y a loloco, La chica danesa.
- Venidos de otros mundos. Se nos excita la imaginación y se pone en cuarentena la creencia de nuestra supuesta soledad en el Cosmos. Ej.: ET.
- Criaturas del más allá. Los confines de la ultratumba también han sido explorados por la imaginación del cine para crear seres diferentes más allá de nuestra propia imaginación. Ej.: Drácula, El exorcista.
- La nueva teogonía de los superhéroes. Se han inventado unos superhéroes que deben proteger a la humanidad del mal como si nuestra existencia fuese una eterna lucha de corte mazdeísta. Ej.: Superman, El Zorro.
- A imagen y semejanza del creador. El mito de Pigmalión ha sido llevado al cine desde sus comienzos. Ej.: Frankenstein, Matrix.
Las categorías
que hemos establecido no tienen la consistencia necesaria como para ser
excluyentes ni como para abarcar toda la casuística del tema de la alteridad en
el cine. Hay muchas formas de ser “diferente” y de definir al otro, por lo que
estas categorías pueden tener esa doble característica de ser estables (por su condición de ser
visibles a través de un largo período de tiempo) y a la vez dinámicas (porque pueden surgir nuevas
categorías contingentes con las condiciones de nuestra mirada).
Podríamos así
incluir una nueva categoría, la de los excluidos del sistema: pobres, desheredados,
parias, pero también delincuentes, personajes marginales… Un ejemplo podría ser
la película de La naranja mecánica. En
películas como este, el escándalo visual provoca nuestra mirada y nos puede
mostrar en imágenes toda la crudeza de la alteridad en el cine.
Resulta
paradójico este escándalo visual, estético y ético ante una mutilación no vital
de un órgano cuando, por el contrario, permanecemos impasibles ante las muertes
coreográficas acaecidas en la pantalla. Nuestro interés y nuestro deseo van
unidos a la identificación que hacemos del nosotros y la exclusión afectiva e
ideológica de los otros, que en esa moral maniquea del celuloide vienen a ser
los «buenos» y los «malos». Nuestro corazón está en un puño cuando alguien de
nosotros corre algún peligro o incluso muere, pero sentimos cierto alivio y
hasta satisfacción cuando lo que está escrito y previsto en el guión se cumple
y el otro, enemigo y rival, es vencido o muerto a manos de nuestro héroe.
En esta
ausencia de libertad, cómoda y suave, razonable y democrática que preside la racionalidad
tecnológica de Occidente corremos el riesgo de que otras muertes coreográficas,
sobre todo de guerras televisadas en directo, la justifiquemos con nuestra
indiferencia o con nuestra falta de sensibilidad porque no son nuestros muertos
y se la adjudicamos a los otros.
Todo ello sin
tener el tiempo suficiente de pensar que las bombas «inteligentes» son únicamente
aquéllas que no explotan, de preguntarnos por qué hacemos diferentes y excluidos
a esos Otros y qué ocurre detrás de la imagen que se muestra, es decir, qué otro
catálogo de intolerancias está ocurriendo en ese momento en el mundo cuando se nos
muestra por la televisión y en directo la versión de la historia que deciden mostrarnos.
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