jueves, 13 de abril de 2017

Imagen y control social. Capítulo 5.

CAPÍTULO 5. El Otro. La alteridad a través del cine

5.1. ¿Quiénes son los otros?
Existe el “YO/NOSOTROS” porque existe el “OTRO(S)”. No puede existir un término sin el otro.
En la historia: primeras poblaciones à primera diferenciación entre individuos (labores, gobernantes-gobernados).
La diversidad de la especie humana se puede vivenciar desde dos enfoques radicalmente opuestos:
a) Como un espacio de tolerancia entre iguales
b) Como un espacio de poder entre opresores y oprimidos.
Algunos ejemplos:
Plebeyos/Patricios
Cristianos/Paganos
Esclavos/Blancos
Salvajes/Conquistadores
En definitiva, sociológica e históricamente, hay una concepción de la alteridad basada en una visión del mundo que es sustentada a su vez por una moral y ética maniquea.

Hoy, el mundo global se enfrenta a la presencia cotidiana y ubicua del extranjero, del Otro y ahora vivenciamos esa diversidad en forma de sudacas, latinos, negros, moros, polacos, espaldas mojadas, sin papeles...

5.2. Cine y Antropología: miradas canónicas y disidentes del lenguaje fílmico.
El cine contribuyó al acercamiento de realidades remotas que se sólo se conocían a través de los grabados o los libros de viajes.
Cine ↔ Antropología
La oficialidad antropológica, basada en la «objetividad» y el método científico, sacralizó una cosmovisión donde el estadio más alto del desarrollo humano lo constituía la «civilización» y el extremo opuesto estaba ocupado por el «salvajismo» y la «barbarie».
Éste fue uno de los puntos de inflexión para distinguir entre el «nosotros» y los «otros».
Nanook elEsquimal (Robert Flaherty, 1922) es considerado el primer documental antropológico de la Historia del Cine. Por primera vez, se nos presenta al Otro actuando en su propio medio y sin el comentario “científico” de un plano medio del antropólogo que estudia una realidad lejana.

Cine = no solo una lucrativa industria, sino que en el fondo remite a formas de socialización inadvertidas y de imposición autoritarias de determinadas ideologías.
Ejemplo: en el cine del Oeste siempre se caracteriza al indio como el malo. Con el paso del tiempo, estas miradas se convirtieron en la verdad asumida desde la propia ideología dominante (la del hombre blanco).
Sólo cuando el cine ha comenzado a ver el indio, el Otro, como un ser con entidad propia en todos los sentidos y se han comenzado a verter denuncias en forma de imágenes sobre aquel genocidio, estamos hablando de miradas disidentes del lenguaje fílmico.
También hablamos de miradas disidentes cuando nos referimos a aquéllas que se apartan de las convenciones estereotipadas del cine como lenguaje.

5.3. La imagen del Otro en el cine.
El fundamentalismo de la imagen construye miradas canónicas que tienden a convertirse en estereotipos.
El extranjero siempre es el Otro (a pesar de vivir en un mundo globalizado).
El cine como lenguaje y como arte no ha sido ajeno al hecho plasmar en imágenes la alteridad que se ha vivido y vive en la sociedad. Ahora bien, el problema surge en el momento en que queremos realizar un intento taxonómico para establecer diferentes categorías del Otro.
Una alteridad compleja llevada a las pantallas ha sido el esfuerzo del humano por hacer humano un ser extraño creándolo a su imagen y semejanza, usurpando una propiedad de los dioses. Se ha creado al Otro pero para que forme parte de Nosotros.
Formas en las que consideramos que el cine ha representado la alteridad:
  1. Cuando los otros son nosotros. por alguna causa, el «nosotros» es escindido causando una situación de conflicto y enfrentamiento abierto entre ambos bandos irreconciliables. Ej.: El nacimiento de una nación.
  2. Enemigos de la patria identificados como tales. La cultura de masas y el cine bélico han reforzado que nuestros enemigos tras la II GM han sido soviéticos, alemanes y japoneses. Ej.: El Gran Dictador.
  3. Los otros como enemigos imaginarios. Aparecen nuevos enemigos difusos bajo la bandera apátrida del terrorismo internacional. Como si se tratase de consignas políticas dictadas por el Pentágono a la industria de Hollywood. Ej.: Señales.
  4. Psicópatas y asesinos. Muestran al Otro como un ser anómico y repulsivo. Ej.: El silencio de los corderos.
  5. Cuerpos y mentes fuera de la norma. Mirar lo «anormal» desde una óptica de poder como algo diferente.  El cine siempre ha sido proclive al dominio de lo monstruoso, la otra cara de la moneda de lo natural. Ej.: Eduardo Manostijeras, Forrest Gump.
  6. Sexualidad y género marginales. Todo lo referente al sexo siempre ha sido un tema tabú en el cine. Otros temas, como la homosexualidad o el travestismo han tenido géneros fílmicos diferentes para su expresión. Ej.: Con faldas y a loloco, La chica danesa.
  7. Venidos de otros mundos. Se nos excita la imaginación y se pone en cuarentena la creencia de nuestra supuesta soledad en el Cosmos. Ej.: ET.
  8. Criaturas del más allá. Los confines de la ultratumba también han sido explorados por la imaginación del cine para crear seres diferentes más allá de nuestra propia imaginación. Ej.: Drácula, El exorcista
  9. La nueva teogonía de los superhéroes. Se han inventado unos superhéroes que deben proteger a la humanidad del mal como si nuestra existencia fuese una eterna lucha de corte mazdeísta. Ej.: Superman, El Zorro.
  10. A imagen y semejanza del creador. El mito de Pigmalión ha sido llevado al cine desde sus comienzos. Ej.: Frankenstein, Matrix


 5.4. Últimas reflexiones sin happy end.
Las categorías que hemos establecido no tienen la consistencia necesaria como para ser excluyentes ni como para abarcar toda la casuística del tema de la alteridad en el cine. Hay muchas formas de ser “diferente” y de definir al otro, por lo que estas categorías pueden tener esa doble característica de ser estables (por su condición de ser visibles a través de un largo período de tiempo) y a la vez dinámicas (porque pueden surgir nuevas categorías contingentes con las condiciones de nuestra mirada).
Podríamos así incluir una nueva categoría, la de los excluidos del sistema: pobres, desheredados, parias, pero también delincuentes, personajes marginales… Un ejemplo podría ser la película de La naranja mecánica. En películas como este, el escándalo visual provoca nuestra mirada y nos puede mostrar en imágenes toda la crudeza de la alteridad en el cine.
Resulta paradójico este escándalo visual, estético y ético ante una mutilación no vital de un órgano cuando, por el contrario, permanecemos impasibles ante las muertes coreográficas acaecidas en la pantalla. Nuestro interés y nuestro deseo van unidos a la identificación que hacemos del nosotros y la exclusión afectiva e ideológica de los otros, que en esa moral maniquea del celuloide vienen a ser los «buenos» y los «malos». Nuestro corazón está en un puño cuando alguien de nosotros corre algún peligro o incluso muere, pero sentimos cierto alivio y hasta satisfacción cuando lo que está escrito y previsto en el guión se cumple y el otro, enemigo y rival, es vencido o muerto a manos de nuestro héroe.
En esta ausencia de libertad, cómoda y suave, razonable y democrática que preside la racionalidad tecnológica de Occidente corremos el riesgo de que otras muertes coreográficas, sobre todo de guerras televisadas en directo, la justifiquemos con nuestra indiferencia o con nuestra falta de sensibilidad porque no son nuestros muertos y se la adjudicamos a los otros.
Todo ello sin tener el tiempo suficiente de pensar que las bombas «inteligentes» son únicamente aquéllas que no explotan, de preguntarnos por qué hacemos diferentes y excluidos a esos Otros y qué ocurre detrás de la imagen que se muestra, es decir, qué otro catálogo de intolerancias está ocurriendo en ese momento en el mundo cuando se nos muestra por la televisión y en directo la versión de la historia que deciden mostrarnos.

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