Actualmente
vivimos en una sociedad caracterizada por una gran cantidad de transformaciones
sociales asociadas, entre otras cosas, al desarrollo de las nuevas tecnologías.
En
este contexto, la Web constituye un contexto en el que todos los usuarios
comparten información tanto personal como profesional en la red, por lo
que constituye una herramienta tecnológica de gestión social a través
del tratamiento de la información personal, algo que no pasa desapercibido
al sector empresarial (Segura 2014). ¿No os pasa que casualmente Facebook u otros espacios de la red os
sugieren productos que se amoldan a vuestros intereses? ¿Os sentís vigilados? Esto
es debido a que las nuevas tecnologías posibilitan a gobiernos y empresas
acceder a la información que nosotros como usuarios les facilitamos a través de
múltiples acciones: aceptación de las condiciones de uso y privacidad, las
famosas cookies, la ubicación por
satélites de nuestros smartphones, la
información que compartimos en las redes sociales, el uso de las tarjetas de
crédito, etc. ¿Podemos entonces considerar la cultura actual una cultura de
control?
Esta "necesidad" de vigilancia masiva
contemporánea se trata, no solo de una medida de seguridad preventiva ante
situaciones de terrorismo, pedofilia o piratería, sino que "subyacen
también los intereses ideológicos de un sistema de mercado que comercia
con las relaciones sociales y la información personal" (Ippolita,
2012 citado en Segura, 2014). Se trata de la revolución del siglo XXI, ya que no solo constituye
una herramienta para el tratamiento y acumulación de datos personales, sino que
además entre sus facultades destacan: el
rastreo, la publicidad dirigida o la predicción del comportamiento a partir de
la huella digital de los usuarios (Segura 2014).
Las autoridades han roto el equilibrio entre libertad y seguridad con el pretexto de proteger a la sociedad. De esta forma, actualmente se está llevando a cabo un proyecto de control social integral, de tal forma que lo que los gobiernos pretenden es crear lo que ya muchos autores denominan una "sociedad de control". Esta sociedad mantiene a todos los ciudadanos vigilados a través tanto de sus propios dispositivos móviles e informáticos como a través de sistemas específicos para ese fin (radares, cámaras de vigilancia, etc.).
Pero esta "obsesión" va más allá. Los gobiernos pretenden pasar de una sociedad informada a una sociedad de informantes. Un ejemplo sería el proyecto llevado a cabo en Texas, en el que se han colocado quince cámaras de videovigilancia a lo largo de la frontera con México en puntos aislados y
estratégicos. Estas cámaras están conectadas a Internet y cada ciudadano, a través del mundo, instalado en su casa frente a su ordenador, puede espiar las áreas desérticas texanas o las riberas del Río Grande.
Del hecho anterior deducimos que la actual sociedad pretende convertir a los ciudadanos, a la vez, en vigilados y vigilantes.
Ramonet, I. (2009): Control social total. Disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=84748
Segura, A (2014): “El pastor, el doctor y el Big Data”. Revista Teknokultura, Vol. 11, nº 2, pp.
243 257.
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