sábado, 13 de mayo de 2017

Imagen y control social. Capítulo 6.

CAPÍTULO 6: De todos los burkas visibles e invisibles

6.1. Mujer, ¿la sal de la Tierra, la luz del Mundo?
6.1.1. La Tercera Mujer.
Nuestra civilización no es sino reflejo de los sedimentos antropológicos y religiosos que hacen referencia a la naturaleza negativa de la mujer. Sin embargo, a partir del siglo XII esta imagen cambia, a partir de entonces se ve a la mujer como espejo de la perfección moral y espiritual. Y a partir del siglo XV, los desnudos femeninos, reminiscencias de la Venus griega, se multiplican: la mujer es, ante todo, alguien que admira su cuerpo.
Se identifica el espejo como instrumento de hermosura, el espejo siempre ha acompañado al arreglo de Venus. Pero para la Iglesia, era motivo de advertencia para recordar los peligros del pecado de la vanidad. Entonces, el espejo ya no reflejaba la belleza sino lo más opuesto a la belleza que había creado Dios. La pornografía de la época. John Berger nos dice que el análisis de la historia de la pintura se centra en el desnudo femenino como «objeto» para ser mirado por los ojos masculinos.
Androcentrismo histórico
+
Explotación social de la mujer en la estructura familiar: «ley natural»
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Se ha definido una sutil «política de sexos»

Aún hoy en día, aún cuando el feminismo ha alcanzado grandes cotas en cuanto a sus logros y pretensiones sociales, le queda un largo camino por recorrer aún en los contextos donde más se ha movido y todo el camino por recorrer en otros contextos del planeta donde la opresión hacia la mujer es una más de la larga lista de intolerancias que exhibimos los que nos autodenominamos humanos.

6.1.2. La dominación masculina.
El orden social funciona como una enorme maquinaria simbólica que tiende a ratificar la ancestral dominación masculina. El orden natural de las cosas se nos presenta como una realidad intangible donde la visión androcéntrica del mundo no necesita de ampulosos discursos que apoyen su legitimación. El androcentrismo, identificado como el orden natural de las cosas, es uno de los prejuicios más graves y castradores que ha tenido la convivencia entre los seres humanos. Iglesia, Escuela o Estado son instancias represoras, generadoras y reforzadoras de unas determinadas relaciones de poder entre hombres y mujeres.
En las tres principales religiones (judaísmo, cristianismo y musulmana) esta visión androcéntrica del mundo es fácilmente perceptible: las tres se basan en la prioridad del principio masculino de la formación del mundo. Identifican al Dios creador con «Él». Sin embargo, esta idea es algo que podemos poner en tela de juicio.
Sin embargo, hay un punto de inflexión histórica donde se consolida definitivamente la sumisión de la mujer al hombre y el punto de inicio de la cultura patriarcal hasta hoy: el Código de Hammurabi (1750 a.C.). De sus 282 leyes acuñadas en una estela de diorita, más de 70 se dedicaban a regular el matrimonio y los usos sexuales, con la particularidad de que eran tan restrictivas para las mujeres como permisivas para los hombres.
Religión católica: la mujer como perversión
«No te dejes dominar de tu mujer, no se alce sobre ti» (Eclesiastés, 9, 2).
«Ligera es toda maldad comparada con la maldad de la mujer; caiga sobre ella la suerte de los pecadores» (Eclesiastés, 25, 25-26).
Quemas de brujas, herejías…

En la educación…
También podemos hacer la misma distinción con la educación. Y en ese sentido, la doble función de la Escuela (formación intelectual y formación social) no pasa de ser un espejismo tras el cual encontramos una realidad bien distinta. La Escuela ha sido denunciada como mecanismo reproductor de la sociedad donde se inserta y de transmisora de las diferencias y las relaciones de poder, que se instauran como intocables, entre las personas. La Escuela es un lugar privilegiado para aprender a ser niña o ser niño.
De forma general podemos afirmar que la Escuela transmite sistemas de pensamiento y actitudes sexistas que marginan a la mujer y la consideran un elemento social de segunda categoría. Cuando niños y niñas ingresan en un centro educativo ya tienen interiorizadas pautas de comportamiento y expectativas vitales, que se dicen, son propias de su sexo.
Escuela = aparato ideológico à Reproducción de estereotipos sexistas
Violencia simbólica
También las palabras han naturalizado el orden social dominante y preservado los intereses de quienes impusieron ese orden. La capacidad de evocación seductora de una palabra no necesita el apoyo de una argumentación lógica sino su proyección en nuestro subconsciente colectivo.
Ejemplo:
Zorro = hombre taimado y astusto VS  Zorra = mujer pública, prostituta


En el caso de las imágenes:
El rasgo más representativo de la representación de la mujer en los medios es su invisibilidad.
Podemos destacar tres modelos de mujer o fantasmagorías impuestas por la iconografía femenina publicitaria: la fantasmagoría de la belleza, de la perversión y de la sumisión.

La presión consumista, incitada y alentada por los productores de mercancías se plasmó en un modelo informativo atomizado e individualizado a las pulsiones y el mundo onírico de cada yo para ver en la posesión de bienes y servicios no sólo un estatus de privilegio y distinción sino una materialista de autorrealización personal. Cualquier mujer, y a través de la intervención «mágica del producto», puede llegar a ser Bella, Deseada, Admirada… Así, el modelo normativo de la mujer publicitaria se centra con bastante frecuencia en los significados culturales del desnudo, reminiscencias o ecos de la representación de la segunda mujer.

6.1.3. El caso de la violencia contra la mujer: ecos mediáticos.
La representación de la mujer en los medios tiene un sesgo netamente estereotipado y se circunscriben, con una mayoría abrumadora, a ser ilustraciones visuales del vox populi, de víctimas o de personajes del mundo de la farándula y de la nobleza. Escasas son, por tanto, representaciones de mujeres con poder económico, empresarial o profesional (se podría argumentar con toda lógica que también es escaso su número). Y esto se refleja en el tema de la representación de la violencia contra las mujeres en los medios.

6.2. La Mujer Perfecta (odaliscas de un harén cibernético en una fantasía futurista)
Los lenguajes persuasivos de los medios de información de masas son capaces de «fabricar el consenso» en toda una población por muy heterogénea que ésta sea.
Por otro lado, el sistema económico capitalista se basa en una lógica fundamental: aquello que era producido debía ser consumido.
Y si unimos estas dos ideas, volvemos de nuevo al tema de la creación de las falsas necesidades.

Hoy no necesitamos la inestimable ayuda que un sistema de signos denominado «publicidad» aportaba para ser el motor de ignición del capitalismo financiero. Precisamente, el discurso publicitario descansaba su falsa argumentación en los sofismas icónicos. La imagen de los mensajes publicitarios contenía, de forma explícita o implícita una «promesa» para encandilar la vida gris de una sociedad gris que llegó a confundir el «ser» con el «tener».
El lenguaje de las imágenes publicitarias transportaban a los consumitas a un mundo tan onírico como perfecto, un mundo que sólo existía en el discurso autoritario de la Publicidad. Un mundo donde la mujer es representada como algo que hay que desear, como un producto perfecto, invocando más un pensamiento mágico y emocional antes que uno lógico.

El burka ideológico, aquél que convierte a la mujer en invisible:
Uno de los burkas ideológicos más impresionantes de los siglos XX y XXI fue sin duda, y como hemos apuntado antes, el discurso publicitario, liderado por estereotipos sexistas antrocéntricos.
La anulación simbólica que ejercían los mensajes publicitarios presentando como natural y cotidiano una representación de la mujer que anulaba, aislaba y desacreditaba la condición femenina. A través de imágenes altamente estereotipadas se ofrecía un tipo de mujer privada de otras funciones sociales que no fueran las relacionadas con el cuidado de su prole, la economía o cuestiones domésticas, el ansia por encuadrarse en los patrones de belleza de la época. Aquellas imágenes actuaban como auténticas fantasmagorías que «domesticaban» la conciencia popular: la publicidad subliminal.
La anulación simbólica en los lenguajes persuasivos de los medios y especialmente a través de las imágenes.
Y hoy podemos anunciar una buena nueva: la creación de La Mujer Perfecta. Poseemos enormes factorías capaces de crear modelos insuperables. Ahora están programadas para no pensar, sólo obedecer. Perfectas muñecas del placer, son tan increíblemente reales que no sabríamos distinguir la copia del original, en la textura de su piel, en sus cabellos, en sus ojos, en el olor de sus cuerpos…

 6.3. Epílogo de esperanza: mujer, la sal de la tierra, la luz del mundo.
Nuestras identidades han sido profundamente marcadas desde la primera socialización en la familia y como elemento definitorio de nuestra personalidad: ser hombre o ser mujer es lo primero que distingue a los seres humanos y lo que organiza y rige patrones de comportamientos, actitudes y expectativas.
Sin la existencia masculina, la Otra no existiría jamás, nos dice Simone de Beauvoir: la mujer es la alteridad por excelencia.

Tenemos motivos más que suficientes como para no sentirnos orgullosos de nuestra propia condición humana. Sin embargo, eso no nos debe impedir soñar con la utopía de otro mundo posible porque, en realidad, ser mujer… ser hombre… qué importa si se tiene una perla en las entrañas para poder ser la sal de la tierra y la luz del mundo.

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