CAPÍTULO 6: De todos los burkas visibles e invisibles
6.1.
Mujer, ¿la sal de la Tierra, la luz del Mundo?
6.1.1. La
Tercera Mujer.
Nuestra civilización
no es sino reflejo de los sedimentos antropológicos y religiosos que hacen
referencia a la naturaleza negativa de la mujer. Sin embargo, a partir del
siglo XII esta imagen cambia, a partir de entonces se ve a la mujer como espejo
de la perfección moral y espiritual. Y a partir del siglo XV, los desnudos
femeninos, reminiscencias de la Venus griega, se multiplican: la mujer es, ante
todo, alguien que admira su cuerpo.
Se identifica
el espejo como instrumento de hermosura, el espejo siempre ha acompañado al arreglo
de Venus. Pero para la Iglesia, era motivo de advertencia para recordar los
peligros del pecado de la vanidad. Entonces, el espejo ya no reflejaba la
belleza sino lo más opuesto a la belleza que había creado Dios. La pornografía
de la época. John Berger nos dice que el análisis de la historia de la pintura
se centra en el desnudo femenino como «objeto» para ser mirado por los ojos
masculinos.
Androcentrismo histórico
+
Explotación social de la mujer en la
estructura familiar: «ley natural»
=
Se ha definido una sutil «política de
sexos»
Aún hoy en
día, aún cuando el feminismo ha alcanzado grandes cotas en cuanto a sus logros
y pretensiones sociales, le queda un largo camino por recorrer aún en los
contextos donde más se ha movido y todo el camino por recorrer en otros
contextos del planeta donde la opresión hacia la mujer es una más de la larga
lista de intolerancias que exhibimos los que nos autodenominamos humanos.
6.1.2. La
dominación masculina.
El orden
social funciona como una enorme maquinaria simbólica que tiende a ratificar la
ancestral dominación masculina. El orden natural de las cosas se nos presenta como
una realidad intangible donde la visión androcéntrica del mundo no necesita de ampulosos
discursos que apoyen su legitimación. El androcentrismo, identificado como el orden
natural de las cosas, es uno de los prejuicios más graves y castradores que ha tenido
la convivencia entre los seres humanos. Iglesia, Escuela o Estado son instancias
represoras, generadoras y reforzadoras de unas determinadas relaciones de poder
entre hombres y mujeres.
En las tres
principales religiones (judaísmo, cristianismo y musulmana) esta visión
androcéntrica del mundo es fácilmente perceptible: las tres se basan en la
prioridad del principio masculino de la formación del mundo. Identifican al
Dios creador con «Él». Sin embargo, esta idea es algo que podemos poner en tela
de juicio.
Sin embargo,
hay un punto de inflexión histórica donde se consolida definitivamente la sumisión
de la mujer al hombre y el punto de inicio de la cultura patriarcal hasta hoy:
el Código de Hammurabi (1750 a.C.). De sus 282 leyes acuñadas en una estela de diorita,
más de 70 se dedicaban a regular el matrimonio y los usos sexuales, con la particularidad
de que eran tan restrictivas para las mujeres como permisivas para los hombres.
Religión católica: la mujer como perversión
«No te dejes dominar
de tu mujer, no se alce sobre ti» (Eclesiastés, 9, 2).
«Ligera es toda maldad
comparada con la maldad de la mujer; caiga sobre ella la suerte de los
pecadores» (Eclesiastés, 25, 25-26).
Quemas de brujas, herejías…
En la educación…
También
podemos hacer la misma distinción con la educación. Y en ese sentido, la doble
función de la Escuela (formación intelectual y formación social) no pasa de ser
un espejismo tras el cual encontramos una realidad bien distinta. La Escuela ha
sido denunciada como mecanismo reproductor de la sociedad donde se inserta y de
transmisora de las diferencias y las relaciones de poder, que se instauran como
intocables, entre las personas. La Escuela es un lugar privilegiado para
aprender a ser niña o ser niño.
De forma
general podemos afirmar que la Escuela transmite sistemas de pensamiento y
actitudes sexistas que marginan a la mujer y la consideran un elemento social
de segunda categoría. Cuando niños y niñas ingresan en un centro educativo ya
tienen interiorizadas pautas de comportamiento y expectativas vitales, que se
dicen, son propias de su sexo.
Escuela = aparato ideológico à
Reproducción de estereotipos sexistas
Violencia simbólica
También las palabras han naturalizado el orden
social dominante y preservado los intereses de quienes impusieron ese orden. La
capacidad de evocación seductora de una palabra no necesita el apoyo de una
argumentación lógica sino su proyección en nuestro subconsciente colectivo.
Ejemplo:
Zorro = hombre taimado y astusto VS Zorra = mujer pública, prostituta
En el caso de las imágenes:
El rasgo más
representativo de la representación de la mujer en los medios es su
invisibilidad.
Podemos
destacar tres modelos de mujer o fantasmagorías impuestas por la iconografía femenina
publicitaria: la fantasmagoría de la belleza, de la perversión y de la
sumisión.
La presión consumista,
incitada y alentada por los productores de mercancías se plasmó en un modelo
informativo atomizado e individualizado a las pulsiones y el mundo onírico de cada
yo para ver en la posesión de bienes y servicios no sólo un estatus de
privilegio y distinción sino una materialista de autorrealización personal. Cualquier
mujer, y a través de la intervención «mágica del producto», puede llegar a ser
Bella, Deseada, Admirada… Así, el modelo normativo de la mujer publicitaria se
centra con bastante frecuencia en los significados culturales del desnudo,
reminiscencias o ecos de la representación de la segunda mujer.
6.1.3. El
caso de la violencia contra la mujer: ecos mediáticos.
La
representación de la mujer en los medios tiene un sesgo netamente estereotipado
y se circunscriben, con una mayoría abrumadora, a ser ilustraciones visuales
del vox populi, de víctimas o de personajes del mundo de la farándula y
de la nobleza. Escasas son, por tanto, representaciones de mujeres con poder
económico, empresarial o profesional (se podría argumentar con toda lógica que
también es escaso su número). Y esto se refleja en el tema de la representación
de la violencia contra las mujeres en los medios.
6.2. La
Mujer Perfecta (odaliscas de un harén cibernético en una fantasía futurista)
Los lenguajes
persuasivos de los medios de información de masas son capaces de «fabricar el
consenso» en toda una población por muy heterogénea que ésta sea.
Por otro
lado, el sistema económico capitalista se basa en una lógica fundamental:
aquello que era producido debía ser consumido.
Y si unimos
estas dos ideas, volvemos de nuevo al tema de la creación de las falsas
necesidades.
Hoy no
necesitamos la inestimable ayuda que un sistema de signos denominado
«publicidad» aportaba para ser el motor de ignición del capitalismo financiero.
Precisamente, el discurso publicitario descansaba su falsa argumentación en los
sofismas icónicos. La imagen de los mensajes publicitarios contenía, de forma
explícita o implícita una «promesa» para encandilar la vida gris de una
sociedad gris que llegó a confundir el «ser» con el «tener».
El lenguaje
de las imágenes publicitarias transportaban a los consumitas a un mundo
tan onírico como perfecto, un mundo que sólo existía en el discurso autoritario
de la Publicidad. Un mundo donde la mujer es representada como algo que hay que
desear, como un producto perfecto, invocando más un pensamiento mágico y
emocional antes que uno lógico.
El burka ideológico, aquél que convierte
a la mujer en invisible:
Uno de los burkas
ideológicos más impresionantes de los siglos XX y XXI fue sin duda, y como
hemos apuntado antes, el discurso publicitario, liderado por estereotipos
sexistas antrocéntricos.
La anulación
simbólica que ejercían los mensajes publicitarios presentando como natural y
cotidiano una representación de la mujer que anulaba, aislaba y desacreditaba
la condición femenina. A través de imágenes altamente estereotipadas se ofrecía
un tipo de mujer privada de otras funciones sociales que no fueran las
relacionadas con el cuidado de su prole, la economía o cuestiones domésticas,
el ansia por encuadrarse en los patrones de belleza de la época. Aquellas
imágenes actuaban como auténticas fantasmagorías que «domesticaban» la conciencia
popular: la publicidad subliminal.
La anulación simbólica en los lenguajes persuasivos de los medios y especialmente
a través de las imágenes.
Y hoy podemos
anunciar una buena nueva: la creación de
La Mujer Perfecta. Poseemos enormes factorías capaces de crear modelos
insuperables. Ahora están programadas para no pensar, sólo obedecer. Perfectas
muñecas del placer, son tan increíblemente reales que no sabríamos distinguir
la copia del original, en la textura de su piel, en sus cabellos, en sus ojos,
en el olor de sus cuerpos…
6.3.
Epílogo de esperanza: mujer, la sal de la tierra, la luz del mundo.
Nuestras
identidades han sido profundamente marcadas desde la primera socialización en
la familia y como elemento definitorio de nuestra personalidad: ser hombre o
ser mujer es lo primero que distingue a los seres humanos y lo que organiza y
rige patrones de comportamientos, actitudes y expectativas.
Sin la
existencia masculina, la Otra no existiría jamás, nos dice Simone de Beauvoir:
la mujer es la alteridad por excelencia.
Tenemos
motivos más que suficientes como para no sentirnos orgullosos de nuestra propia
condición humana. Sin embargo, eso no nos debe impedir soñar con la utopía de
otro mundo posible porque, en realidad, ser mujer… ser hombre… qué importa si se
tiene una perla en las entrañas para poder ser la sal de la tierra y la luz del
mundo.
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