viernes, 12 de mayo de 2017

Imagen y control social. Capítulo 3.

CAPÍTULO 3: La creación de falsas necesidades

3.1. La religión del consumismo y el catecismo publicitario.
La sociedad de consumo no se rige por las necesidades existentes ni por las demandas de los clientes sino por la misma oferta que el sistema crea.
Consumo ↔ Neocapitalismo
Tiempo de ocio = Tiempo de consumo
Los templos del consumo de la segunda mitad del siglo XX y del XXI son las grandes superficies donde se ponen en práctica sutiles estrategias de venta de los productos para hacerlos más apetecibles a los ojos consumistas cuando previamente las imágenes publicitarias han domesticado nuestra voluntad de compra de ciertos productos.
Es cierto que hay una serie de necesidades primarias y básicas que no tenemos más remedio que conseguir, pero la inmensa mayoría de los productos y servicios que consumimos lo hacemos con base en falsas necesidades, motivadas por los intereses de los mismos productores de mercancías de la sociedad de consumo.
Empresas à Productos à Falsas necesidades à Consumidores
El consumismo es una religión y la publicidad es su doctrina
En Publicidad, el Bien es el producto y su consumo te evita el Mal (falta de higiene, peligro para los niños y niñas, rechazo social…)
Sociedad del consumo: la lógica de este sistema obedece a un principio tan simple como inexorable: todo lo que es producido debe ser consumido.
Se puede crear una necesidad donde antes no existía para luego rentabilizar política o económicamente la situación a la que se llega. Y es precisamente la publicidad el discurso autoritario de signos que no sólo crea esa falsa necesidad sino que es la que impone los estilos de vida consumistas que acabamos de asumir como cotidianos y de pleno derecho de la ciudadanía à CAPITALISMO DE FICCIÓN. Hay tal exceso de producción que el consumo ya no puede regirse por las demandas de los clientes, sino por la misma oferta que se crea: primero se fabrica y luego se induce la (falsa) necesidad de consumir ese excedente. Así, la publicidad deja de ser una economía de demanda y pasa a ser una economía de la oferta. De este modo, ahora, el marketing se refiere a cómo hacer más fácil y placenteras las compras.
La “obsolescencia programada” = estrategia que la Publicidad utiliza para convencernos que los productos que usamos son viejos y caducos y que necesitamos reemplazarlos por otros similares pero nuevos.

3.2. Los códigos invisibles del discurso publicitario: lo subliminal a escena.
Imágenes publicitarias à Códigos persuasivos à Control social + Consumo
Mensajes subliminales
La publicidad subliminal se apoya en la llamada «persuasión invisible» que consiste en utilizar efectos que actúan sobre el inconsciente y puede influir en las conductas. De esta forma, se evitan las formas de defensa que el consumidor o consumidora pueden oponerse ante la publicidad.
La percepción subliminal en el anuncio de la ginebra Gilbey’s descrito por Bryan Key.

En estos terrenos pantanosos de la subliminalidad se mueve el NEUROMARKETING o la estrategia de escanear los cerebros para vender mercancías o la forma de estimular ciertas zonas cerebrales que asocien marca, logotipo y otros contenidos semánticos de las imágenes publicitarias para conseguir clientes y compradores fieles.

3.3. Los códigos casi invisibles: los estereotipos.
Los estereotipos refuerzan los prejuicios y convicciones que tenemos sobre los objetos, las clases sociales, instituciones e incluso sobre nosotros mismos. Cuando usamos un estereotipo y «etiquetamos» a un grupo, estamos haciendo que una imagen represente a todo el grupo.
Las imágenes estereotipadas se situarían entre la realidad y la percepción provocando una orientación selectiva y distorsionada de la propia realidad. A pesar del carácter aprendido de los estereotipos, una de sus funciones sociales más relevantes es servir a los intereses y necesidades de los grupos dominantes.
Estereotipo = mensaje de estructura autoritaria
El discurso publicitario es una fuente inagotable de estereotipos. Los mensajes publicitarios usan estereotipos icónicos para instalarnos en un universo onírico al que accederemos, por supuesto, tras la adquisición del producto anunciado. Los estereotipos orientan muchos de los comportamientos consumistas de las audiencias y la publicidad se basa en ellos para canalizar los deseos y las falsas necesidades de las personas.
En la publicidad actual se recurre a los estereotipos por un doble motivo:
1.       Primero por un imperativo netamente económico; el espacio en prensa para significar o el tiempo de televisión para emitir el anuncio es muy limitado y por tanto hay que recurrir a imágenes convencionales que sean descodificadas sin ningún tipo de dificultad por las audiencias.
2.       En segundo lugar, también la publicidad necesita los estereotipos como estrategia informativa porque las audiencias son emotivas antes que racionales: los signos se registran a nivel consciente pero los valores se quedan grabados a nivel inconsciente.
Estereotipos sexistas en el discurso publicitario

La condición de invisibilidad de los estereotipos se la proporciona, paradójicamente, su propia visibilidad. Su condición de cotidianos los afirma como pertenecientes a la «cultura de la normalidad».
El estereotipo publicitario filtra las infinitas variantes de un número también ilimitado de propuestas visuales de los anuncios que quedan así proscritas del repertorio visual, haciendo ortodoxas y canónicas otras representaciones estandarizadas. Una iconografía seductora que sostiene la creación de un mundo perfecto que sólo existe en la publicidad alimentando los mitos de la «sociedad del deseo» y que nos condiciona de una forma sutil y autoritaria.

Pero al igual que ocurre con la Publicidad, los estereotipos presentes en el cine, la prensa, la radio, la televisión, etc. (Como vimos en el capítulo 5 sobre la alteridad y la identificación del “Otro”). 

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